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WWW.JULAYS.COM
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VENGA TODOS A
PRACTICAR
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La
carretilla
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Al
borde de la cama y con los antebrazos
apoyados, la mujer se dispone a ser
"levantada" de las piernas por el
hombre, quien de pie detrás de ella,
la penetra sosteniéndola de los muslos.
El estímulo y el placer se concentran
en los genitales de ambos, pero es
el hombre quien lleva el ritmo atrayendo
el cuerpo de ella hacia el suyo. La
variedad de movimientos y sensaciones
que permite la postura es asombrosa:
circulares, ascendentes y descendentes,
con las piernas de ella más cerradas
o bien abiertas...
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La
hamaca
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El
hombre está sentado (preferentemente
en una superficie dura, no la cama),
con las piernas flexionadas y se toma
la parte posterior de sus rodillas.
De esta manera, recibe a la mujer
que se hace penetrar acomodándose
en el espacio que queda entre las
piernas de él y su tronco. El presiona
con las rodillas el cuerpo de su compañera,
la atrae hacia el suyo provocando
el vaivén de ambos mientras, por ejemplo,
le besa los pechos que están a la
altura de su rostro. Una sensación
única que recuerda el tierno ir y
venir de las hamacas de la infancia.
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El
molde
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Con
las piernas juntas y recogidas (para
que presionen bien al pene), la mujer
se tiende de costado y relaja su cabeza
hacia atrás mientras él la penetra,
ya sea por la vagina o por el ano
(excelente posición para sexo anal)
Los movimientos deben ser suaves y
coordinados y la penetración lenta
y profunda: ambos cuerpos se amoldan
como dos piezas perfectas de un rompecabezas...
"El molde" es ideal para mujeres que
tienen problemas en alcanzar el orgasmo
y/o gustan de causar la fricción del
clítoris durante el coito: las piernas
juntas logran este efecto tan plajustifyo:
aprovéchalo.
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El
trapecio
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El
hombre se sienta con las piernas abiertas
y su compañera (ya penetrada) arriba
de él. Tomándola de las muñecas, ella
se va relajando hacia atrás hasta
caer por completo: debe estar súper
relajada y entregada a la fuerza de
su compañero que la atrae a su cuerpo
con sus brazos provocando la embestida
necesaria para el coito. Es una postura
complicada ya que requiere la liviandad
de la mujer, bastante equilibrio de
ambos y la fuerza y habilidad del
hombre. Ideal para cambiar la rutina
y probar nuevas emociones...
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El
espejo de placer
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Ella
se acuesta de espaldas, boca arriba.
Levanta sus piernas y deja que él
las sostenga arrodillado al final
de su cuerpo y apoyando el otro brazo
en el piso. El hombre penetra, domina
y posee el control. La postura permite
variar el sentido de la penetración
y la apertura de las piernas. Los
rostros no pueden acercarse y las
manos poco pueden hacer en esta posición,
lo cual genera una ansiedad sumamente
excitante: ambos cuerpos corren juntos
la carrera para llegar al orgasmo
y reflejan en el otro los más variados
gestos de placer y lujuria.
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La
libélula
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Ambos
tendidos de costado, en un lugar cómodo
y flexible, como la cama. Ella de
espaldas a él, los cuerpos amoldados...
En un alarde de destreza, la mujer
pasa su pierna externa flexionada
abriendo la puerta al placer: el hombre
la penetra haciendo palanca con la
pierna de ella, que se apoya en la
cadera de él. Los secretos que el
hombre puede propiciarle a su compañera
por la cercanía de su oreja son el
condimento perfecto para alcanzar
el máximo de placer. La penetración
llega hasta la mitad del camino, por
lo que el goce viene de la mano del
deseo de que se haga profunda y estalle
en el orgasmo más excitante...
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El
tornillo
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Nada
más recomendable para una mujer con
dificultades para llegar al orgasmo
que las posturas que presionan el
clítoris mientras la vagina es penetrada.
En "El tornillo" esto se cumple a
rajatabla. Ella se acuesta en el borde
de la cama y tiende sus piernas flexionadas
a un costado de su cuerpo (cada mujer
sabrá cuál cuál de los dos lados le
resulta más confortable). Esto permite
mantener el clítoris atrapado entre
sus mejores aliados para llegar al
preciado orgasmo: los labios vaginales.
La mujer puede contraer y relajar
toda la zona, mientras él la penetra
arrodillado frente a ella y tocando
sus pechos. Un manjar.
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La
amazona
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En
este caso, es el hombre quien se relaja
y se acuesta boca arriba, con las
piernas levemente abiertas y flexionadas
hacia su pecho. La erección la espera
a ella, que se acomoda en cuclillas
amoldándose a la postura adoptada
por él. La mujer se "sienta" literalmente
en el pene de su compañero. Debe hacerlo
lentamente. Sus muslos impulsarán
todo el movimiento que necesita esta
postura, donde la penetración se da
en sentido arriba-abajo. Sólo apta
para espíritus arriesgados y mentes
abiertas, "La amazona" es la mujer
que cabalga a su hombre de la manera
más salvaje y primitiva.
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La
butaca
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Recostado sobre una almohada o almohadón
confortable, el hombre se sienta con
las piernas flexionadas y un poco
abiertas. Esta posición permite la
postura que consiste en que ella se
siente cómodamente en el espacio que
él forma con su cuerpo. Con la ayuda
de sus manos, el hombre acomoda a
su compañera en su erección, controlando
ambos el ritmo y la intensidad de
la penetración. Las piernas de ella
se apoyan suavemente en los hombros
del hombre, quien tiene su cabeza
atrapada y envuelta en los muslos
de su compañera. El hombre puede tocar
el clítoris de ella al tiempo que
la sostiene de la cintura con fuerza.
La dificultad que reside en acercar
los rostros y lo osado de la propuesta,
convierten a "La butaca" en una postura
diferente y extremadamente sensual.
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La
somnolienta
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La
mujer se tiende de costado y el hombre
se ubica en su espalda para penetrarla.
Ella estira una pierna hacia atrás
y la enrosca en la cintura de él.
Ideal para hombres dotados y mujeres
flexibles, "la somnolienta" cumple
varios anhelos de las mentes fantasiosas:
en primer lugar, que ella esté de
espaldas a él, y al mismo tiempo acceda
a su rostro y cuello. Además, que
él tenga cómodo acceso al clítoris
y los pechos de su compañera. La apertura
de la pierna posterior de ella para
recibir al pene y el abrazo de esa
misma pierna alrededor del compañero
es quizás lo más sexy de esta postura.
Anímate!
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La
sorpresa
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Esta
postura es ideal para los amantes
del sexo más salvaje y primitivo.
El hombre, de pie, toma a la mujer
por detrás y la penetra tomándola
de la cintura. Ella, relaja todo su
cuerpo conforme la gravedad hasta
apoyar sus manos en el piso. El hombre
"sorprende" a la mujer por detrás
y marca la cadencia del coito. Para
ella, el placer se concentra en el
ángulo de abertura de la vagina que,
al ser limitado, provoca una sensación
de estrechez muy plajustifya para
muchas mujeres. Para él, la sensación
más poderosa se expande desde el glande,
que entra y sale de la abertura vaginal
a su antojo y acaricia el clítoris
en las salidas más audaces. Además,
el campo visual del hombre abarca
el ano, los glúteos y la espalda,
zonas altamente erógenas para muchos.
La dominación que él ejerce y la relajación
total de ella pueden favorecer el
jugueteo del hombre con el ano de
ella: introducir un dedo durante el
coito puede ser enormemente excitante.
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Variante de La medusa
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Si
el hombre está dotado de flexibilidad
y resistencia, esta posición tiene
una variante muy atractiva para los
amantes del balanceo durante el coito.
En cuclillas, el hombre recibe a la
mujer preparado para quedar realmente
extasiado: sus movimientos pueden
imitar los de una hamaca, yendo de
atrás para adelante con los pies bien
apoyados en el piso. De otra manera,
él puede quedarse inmóvil y dejar
que ella se mueva hasta el final.
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La
profunda
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Esta
es una posición de penetración total,
de allí su nombre. Con las piernas
elevadas y abiertas, ella aguarda
a que su compañero introduzca el pene
en su vagina para calzar sus piernas
en los hombros de él, que apoyará
sus manos para regular el movimiento.
A muchas mujeres puede parecerles
complicada, incómoda o dolorosa la
visualización de esta postura, pero
vale la pena probarla porque ofrece
la penetración absoluta y un contacto
genital único: los testículos se posan
suavemente entre los glúteos y el
clítoris se encuentra presionado por
la abertura de las piernas. La dificultad
para besarse y la distancia de los
rostros pueden ser ampliamente excitantes
para ambos.
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Cara a cara
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Postura clásica y universal, pero no por
eso aburrida, el cara a cara permite
una infinidad de variantes para hacerla
más atractiva y excitante. La movilidad
de las manos, la cercanía de los rostros
y la comodidad de los cuerpos son
las ventajas que la hicieron famosa.
No hay que temer probar nuevos tipos
de contacto durante el coito: que
ella toque los glúteos y el ano de
su compañero, que él frote el clítoris
de la mujer o que ella misma lo haga,
que las piernas de ambos estén más
cerradas para sentir cierta dificultad
en la penetración.... Es una posición
que muchos identifican con el amor
y el romance, los comienzos de una
pareja, la adolescencia... pero vale
la pena experimentarla en todas las
etapas de la vida sexual y sacarle
el jugo a sus ventajas.
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Variante de Cara a cara
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Esta
postura clásica también se realiza
con la mujer en la posición dominante,
lo que resulta muy excitante para
muchos ya que modifica sustancialmente
lo tradicional en la "Cara a cara"
que es el hombre sobre la mujer. De
esta forma ella puede frotar su clítoris
en el vientre de su compañero con
más facilidad y según su antojo. Es
ideal para las mujeres a las que les
cuesta llegar al orgasmo y necesitan
una estimulación muy directa del clítoris
y los labios vaginales. Además el
hombre puede tocar impunemente los
glúteos de su compañera, meter sus
dedos en el ano de ella y atraerla
hacia su cuerpo con fuerza tomándola
de las nalgas.
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La
fusión
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Para
esta postura, el hombre se sienta
echando su cuerpo levemente hacia
atrás y apoyando sus manos al costado
del cuerpo. Las piernas pueden estirarse
o flexionarse según la comodidad
que se disponga y la cabeza puede
estar relajada. La mujer, asumiendo
el rol activo de la ocasión, pasa
sus piernas por encima de su compañero
y apoya sus brazos atrás del cuerpo.
La estimulación previa debe ser
intensa, ya que durante la penetración
esta postura impide el acercamiento
manual y el contacto de las bocas.
La mujer marca el ritmo o se pacta
un encuentro pene-vagina con un
movimiento de ambos hacia el centro.
De cualquiera de las dos formas,
es esencial que el clítoris aproveche
los impactos con el cuerpo de él.
La mirada tiene un componente fundamental
y la palabra puede ser un increíble
arma para gozar la fusión por completo.
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Variante de La fusión
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Si
el hombre se relaja y apoya todo su
cuerpo y la mujer se incorpora levemente,
la fusión adquiere una variante donde
la penetración es más profunda. El
ritmo lo sigue llevando ella y el
movimiento que sale con más facilidad
es el arriba-abajo que la mujer debe
realizar sobre su compañero. Las manos
de ella pueden tocar el pecho de él
o tomar su pene como si lo masturbara
para aumentar el placer de ambos
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El
sometido
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El
hombre se acuesta cómodamente entregando
su placer a la voluntad de su compañera.
Aprovechar este juego de sometimiento
masculino puede ser un estimulante
total para ambos: el encuentro puede
empezar con caricias y besos de ella
a él, que permanece siempre en la
misma posición, para terminar en la
penetración profunda que permite la
posición, donde ella se coloca de
espaldas y controla los movimientos
ayudándose de los brazos. Muy erótico
para el hombre resulta que ella asome
su rostro por sobre su hombro. Además,
el hombre tiene un fácil acceso al
ano y los glúteos de su compañera,
quien puede disminuir la velocidad
de los movimientos para disfrutar
del estímulo anal o de que su pareja
toque sus pechos.
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Variante de El sometido
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Otra
forma de probar esta postura es que
la mujer extienda su cuerpo hacia
atrás, apoye sus brazos en los de
su compañero y extienda sus piernas
hacia adelante. De esta manera, el
hombre podrá llegar a sus pechos con
facilidad y la mujer podrá apoyar
sus glúteos en el vientre de su compañero
y realizar movimientos circulares.
El pene no puede penetrar tanto en
la vagina, lo cual puede ser sumamente
excitante para ambos.
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El
abrazo total
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La
pareja está de pie, desnuda y enfrentada.
Ella trepa a su compañero por los
hombros y abraza su cuerpo con las
piernas. El toma a la mujer de los
glúteos y la atrae a su cuerpo para
penetrarla. El abrazo total es parte
de un sexo pasional y creativo,
donde el contacto corporal es muy
completo. El ritmo del coito puede
ser de dos maneras: de arriba hacia
abajo o de atrás para adelante,
dependiendo de la intensidad de
placer que ambos experimenten con
cada opción.
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Las aspas de molino
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Boca
arriba, la mujer se tiende con las
piernas abiertas a recibir a su compañero
que, en esta posición, la penetra
de frente a las piernas de ella. La
diferencia de sensaciones es notable
en este tipo de penetración: el clítoris
y los labios vaginales están en pleno
contacto con la pelvis y los alrededores
del pene del compañero y la penetración
más accesible es a través de movimientos
circulares. El hecho de no poder verse
cara a cara le da un encanto especial
a la postura. La novedad de las caricias
sorprende gratamente: la mujer puede
acariciar las nalgas de su compañero,
clavar suavemente sus uñas en la parte
posterior a las rodillas, asir los
testículos de su compañero. El hombre;
chupar los pies de ella, morder sus
dedos, acercar su mano a los genitales
de ambos que se están fundiendo y
tomar su pene para penetrarla mejor.
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El
arco
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Variante del "Cara a cara", el arco es
una posición que, a través de una
pequeña variante, modifica las sensaciones
al extremo. La mujer permanece acostada
boca arriba con las piernas abiertas
y flexionadas, apoyando sus brazos
detrás de los hombros. Cuando su compañero
esté listo para penetrarla, eleva
sus caderas y se posa sobre las piernas
flexionadas del compañero. El placer
que ella recibe se centra en la penetración
profunda y en la particularidad de
sentir toda la zona vaginal y abdominal
envuelta de la piel del hombre. El
cansancio que se experimenta al mantener
la posición se ve recompensado con
la potencia del orgasmo que puede
provocar.
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La
catapulta
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Elevar las caderas, en el caso de las mujeres,
es una valiosa fuente de placer, ya
que pone en contacto con el cuerpo
del hombre áreas de su cuerpo que,
en posiciones más tradicionales, no
se tocan. En este caso, el hombre
se arrodilla y recibe la vagina de
su compañera dejando que ella apoye
los glúteos en sus muslos. La mujer
puede extender sus piernas en el torso
del varón o flexionarlas apoyando
las plantas de los pies en su pecho.
El hombre tiene fácil llegada al clítoris,
por lo que puede estimular la zona
con las manos y mirar la vagina en
primer plano. El ritmo lo marcan juntos,
acorde al deseo de ambos y a la flexibilidad
de la mujer.
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El
furor salvaje
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También conocida como "perrito", esta posición
es apasionada y salvaje. Ambos en
cuatro patas, concentra una cantidad
de ventajas que pocas posturas tienen:
la comodidad del hombre para tocar
el clítoris o el ano de su compañera,
la variedad de movimientos que permite,
la posibilidad de que la mujer tome
con una mano los testículos del hombre
y la facilidad para intercalar sexo
anal y vaginal. Además, la posición
permite al pene "atraparse" entre
los glúteos, lo cual suele ser muy
excitante para el hombre. En pocas
palabras, el encuentro sexual que
incluye esta postura suele ser salvaje
y hacer furor entre sus protagonistas.
Dice el Kama-Sutra: "En el ardor de
la cópula, una pareja de amantes enceguece
de pasión y prosigue con gran impetuosidad,
sin prestar la menor atención a los
excesos".
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La
doma
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El
hombre cómodamente sentado recibe
a su compañera que se encaja a su
cuerpo sentándose también sobre la
erección de él. La mujer puede hacerse
desear tomando el pene con la mano
y posándolo sobre su vagina haciendo
movimientos suaves sobre ella, pero
sin introducirlo. El hombre puede
imponer su voluntad presionando a
la mujer hacia su miembro lentamente,
mirándola a los ojos. La pasión del
abrazo, los juegos de lengua y las
espaldas de ambos al alcance de la
mano para causar escalofríos en el
otro son algunas de sus bondades.
La doma puede ser un camino hacia
un orgasmo intenso e inolvidable.
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Variante de La doma
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La
mujer también puede "domar" a su potro
colocándose de espaldas a él y marcando
el ritmo apoyando sus pies en el piso.
El, a su vez, puede tocar sus pechos,
besar su cuello y tirar del cabello
de su compañera mientras ella se mueve.
El ángulo de visión que ofrece esta
variante es uno de los más excitantes
para el hombre, ya que permite ver
en primer plano cada embestida que
realiza su compañera.
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La
acrobática
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No
apta para cuerpos entumecidos, esta
posición puede parecer incómoda, pero
si la flexibilidad lo permite puede
resultar muy excitante. El se acuesta
relajado y erecto. Ella se coloca
de espaldas a él, se hace penetrar,
flexiona sus rodillas y se inclina
hacia atrás, lentamente para que el
pene no se salga de la vagina. Para
activar el movimiento necesario para
el coito, ella debe levantar su vientre
y relajarlo sobre el de su compañero.
El tiene fácil acceso al clítoris
y los pechos de su compañera. Ella
no puede estar más cargada de ocupaciones,
con lo cual no tiene más que relajar
el resto del cuerpo hasta acabar más
cansada que nunca, lo que hace más
excitante el orgasmo. Según el Kama
Sutra muchas de estas posiciones están
tomadas del hatha yoga, por lo cual
pueden resultar difíciles para los
no iniciados.
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Deleite
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Ella
se arrima al borde de la cama o de
una silla. El se arrodilla para dejar
su pene a la misma altura que la vagina
de ella, que se abre de piernas para
recibir el sexo de su compañero y
echar su cuerpo para atrás en una
sutil relajación. Al mismo tiempo,
el cuerpo de él es envuelto por las
piernas de ella mientras se ocupa
de marcar el ritmo de la penetración.
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| La
posesión |
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Las
piernas se entrelazan en esta postura
sensual y plajustifya, donde la mujer
permanece acostada y con las piernas
abiertas esperando que su compañero
la penetre sentado y tomándola de
los hombros para regular el movimiento.
El pene entra y sale desviando su
movimiento hacia abajo, ya que la
altura del vientre de la mujer queda
levemente más arriba que la del hombre.
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